Notas de clase: Taller de cuento (2/5)

✏️📕Comparto la segunda lección del taller de cuento.

El “profe” Rivas llegaba siempre temprano al salón. Llevaba varios libros y leía algún fragmento de ellos en el desarrollo de la clase.  Era histriónico, en el transcurso del curso nos leyó un cuento completo, él imitaba voces, si era un niño el que hablaba, imitaba una voz infantil, si era una persona mayor igual se inventaba la forma de crear la voz de una persona mucho mayor que él. Era super divertido escucharlo. Luego de la lectura, nos explicaba acerca de la construcción de los personajes, el ambiente en el cual se desarrollaba la narrativa. Luego continuaba explicando acerca de como planear e ir elaborando una buena historia.

 

Lección 2 de 5.

En el cuento la piedra de toque es la decripción. La primera frase debe ser categórica, el epígrafe (es la dedicatoria) es muy importante por lo general se relaciona con la obra. La primera frase debe ser categórica.
Un escritor es un observador meticuloso de la realidad. Como recurso en un cuento se pueden incluir canciones. Al escribir de un tema es necesario conocerlo.
El narrador es omnisciente, es decir sabe todo sobre sus personajes.
Es necesario tener criterio. En el cuento se deben destacar virtudes humanas y contra ellas existen defectos. Se debe realizar una observación previa: Con anterioridad debemos ver bien. Esta es una condición previa de la descripción. Observar comprende involucrar los cinco sentidos corporales. En literatura hay que afirmar categóricamente. También se debe reflexionar (tiene que ver con el proceso de distanciamiento), es necesario valorar los objetos, ósea ir más allá de lo que se ve.
También se debe tener un plan, con lo anterior ya tenemos lo esencial, luego trazamos un plan de trabajo, separar ideas secundarias y principales.🖌📘

Cuento corto: El amor es ciego y la locura lo guía

Hace muchos años cuando los seres humanos aún no habíamos llegado a destruir la Tierra, vivían en paz las plantas, el agua, los “otros” animales, el día,  la noche y los sentimientos.

Entre las nubes encontrábamos a  la alegría, en el fondo de los mares la pureza, en el aire el amor, el odio entre nubarrones oscuros, la envidia en cuevas sombrías, la alegría entre plantas con flores hermosas, la felicidad en días muy hermosos, la tristeza en días de llovizna y así estaban todos ellos libres en diferentes lugares de la Tierra.

Como no tenían mucho que hacer a veces se aburrían  y un día a la locura le dio por que jugaran a las escondidas,  los números naturales ya existían, entonces la locura le dijo a todos los sentimientos que se ocultaran mientras ella contaba hasta mil.

Todos salieron en búsqueda del lugar adecuado para que la locura no los encontrara, la alegría se escondió detrás de un gran ciprés,  la tristeza en un lago azul muy profundo, la felicidad en una hermosa montaña donde había muchos conejos y hermosos colibrís, el odio en un túnel muy oscuro donde vivían los  murciélagos, los demás sentimientos se escondieron en diferentes lugares  y el amor se escondió en un hermoso bosque  donde había muchas rosas rojas.

Cuando la locura terminó de contar salió muy rápido a buscar a los sentimientos y los encontró a todos después de un gran rato. Estaban  muy contentos comentando la experiencia cuando de pronto la alegría le dijo a la locura que aún no había encontrado al amor, ya que no estaba con ellos, entonces la locura sale a buscarlo muy afanada y de pronto recuerda que no había mirado en el rosal, llega al sitio y con una vara comienza a buscar, de pronto sale el amor bastante disgustado y le dice a la locura: Mira con la vara me lastimaste mucho los ojos y he perdido la visión me dejaste ciego. En medio de su tristeza le dice  el amor a la locura: Cómo me dejaste ciego te tienes que convertir en mi lazarillo. Desde ese día: El amor el ciego y la locura lo guía.

Esta historia me parece muy bonita, la escuche de un cuentero en uno de los tantos viajes interminables en la ciudad de Bogotá que realizo como usuaria obligada de transporte público.

Elaborado por: Pilar Cristina Barrera Silva

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