Mi visita a la Capilla Sixtina

Relato: Sin saber cómo ni cuándo me encuentro en un lugar desconocido, es de noche y sin embargo puedo ver claramente a un artista pintando el techo de un lugar muy espacioso, la luz proviene de varias antorchas, él usa ropa extraña a mis ojos, siento que de alguna manera viajé en el tiempo y llegué a la Capilla Sixtina, algo me dice que Miguel Ángel Buonarroti es quien está pintando. La escena es sobrecogedora, observar cómo van surgiendo figuras humanas con las proporciones justas para indicar armonía, ni que pensar del manejo de color, es increíble como combina colores sin el más mínimo riesgo de oscurecer de manera incorrecta su paleta. Los volúmenes se empiezan a notar de manera clara con las pinceladas llenas de fuerza. Es notorio que la técnica empleada es complicada, se ve siempre húmeda la superficie y debe trabajar con premura con el fin de poder lograr las combinaciones adecuadas antes que los colores queden fijos.

Estoy absorta mirando casi sin parpadear con el fin de no perder detalle, no tengo forma de tomar fotos, en mis manos no hay nada, lo único que tengo a mi disposición es mi propia mirada, pero ésta basta para guardar en lo profundo de mi ser este instante, cuando lo recuerdo pienso que fueron muchos minutos los que permanecí en ese sitio.

Al recordar mi visita, me da la impresión que Miguel Ángel no estuvo muy consciente de mi presencia, habíamos varias personas, creo que cuando me miró le llamó la atención mi aspecto físico en especial por mi vestimenta, sin embargo solo cruzamos unas pocas palabras de saludo,  él hablaba poco y sus comentarios se  relacionaban  con la obra, se preocupaba mucho por utilizar las proporciones correctas y los tonos adecuados en su creación, también se refería a premura de tiempo para entregar su trabajo.

Es muy llamativo el andamio en el cual se encuentra el maestro, lo veo casi acostado sobre una gran cantidad de palos entrelazados y amarrados entre ellos con grandes cuerdas. Este tipo de estructura nunca la había vista antes. Estoy absorta detallando todo. También se ubica de cuclillas a veces para continuar su obra.  Le pregunto al gran maestro si no le molesta pintar en semipenumbra y en esa posición.  Él dice que está enseñado a realizar esta actividad en esa incomodidad. Sin embargo se le nota que experimenta incomodidad y dolor en su cuerpo por la posición en la que se encuentra por mucho tiempo. Me llama mucho la atención este sistema de iluminación: se ven varias antorchas, los muros cerca a éstas se notan sucios creo por el humo que emiten.  De pronto escucho un ruido muy incómodo, es mi despertador. Salgo muy rápido de mi cama, me organizo  para ir a la universidad a hacer mis clases de física, hoy enseñaré conceptos de movimiento parabólico, nociones de ondas mecánicas y resolveré ejercicios en compañía de mis estudiantes.

En el transcurso del día entre aulas recuerdo mucho mi experiencia y me pregunto: ¿De verdad estuve cerca a Miguel Ángel o simplemente fue un sueño? Y aún dudo que fue lo que ocurrió. La realidad y la fantasía se mezclan de manera continua en nuestras vidas. He llegado a la conclusión que visité la Capilla en el momento de la creación de un fragmento de esta monumental obra.

Desde esa noche cuando alguien habla de la Capilla Sixtina,  sé que ya la conocí y no en la época de ahora cuando se ha convertido en un lugar totalmente turístico visitada por miles de personas de todo el mundo. El recuerdo de esta experiencia siempre me llena de alegría, ya que en pleno siglo XXI soy la única persona que puede afirmar que conoció en persona a este gran artista.

Pilar Cristina Barrera Silva

picriba@hotmail.com

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